miércoles, 14 de julio de 2010

Milano nel cuore

Ayer me di cuenta de que echaré de menos a Billy. Un tipo serio, siempre vigilando, siempre alerta, pero sin alterarse, siempre tumbado a la puerta de su negocio, una aburrida inmobiliaria. Por eso supongo que siempre se queda a la puerta, viendo pasar una vez tras otra la vida de los que habitamos esta callejuela, todas ellas llenas de entresijos, complejos mundos bajo la superficial rutina de cada día. Pero estoy seguro de que, listo y observador, adivina algo bajo el mantel. Echaré de menos a Billy porque sé que él comprende mi situación, aunque solo hayamos intercambiado algún que otro saludo, Billy por aquí, Billy por allá. Me ha visto pasar muchas mañanas por su negocio que se encuentra en el camino hacia la parada del tranvía. Me ha visto ir y volver. Y muchas veces no me ha visto, pero al pasar miro donde normalmente se acomoda cumpliendo con su ronda con estricto oficio a través sus ojos oscuros e impenetrables, y es como si estuviese ahí, parado, observando.

Parece mentira que haya pasado un año desde que lo vi por primera vez. Es como si hubiese pasado un siglo, y sólo un segundo a la vez, en un tiempo desplegado, doblado sobre sí mismo, y que se cierra en el principio, que es a su vez el final, y al llegar a este punto en el tiempo simultáneamente se convierte en un sobrecogedor y eterno instante, del que queda intenso en el corazón y grabadas en la cabeza las infinitas piezas que ahora lo componen, arrastradas en el tiempo. Paso a paso y paso, gente que viene, que va, que queda. Billy sabe que aproveché algunas ocasiones, que desperdicié otras, que me cabrée estúpidamente, que le di algunas vueltas a algún asunto, que pasé demasiado de otros, que me divertí a rabiar, que perdí el control y se me fue de las manos lo que tenía entre manos, en un arrebato, que disfruté con los que vinieron a verme y con los que no, que eché de menos su presencia, que me ilusioné una y otra vez por cada cosa, y que algunas a veces, muchas, merecían la pena. En definitiva, que viví como quería hacerlo. Y a qué se dedica usted? Pues ahora mismo a aprender. Llegado a este punto me pregunto y ahora qué tras este fantástico año, y qué será de mis aventuras en alta mar. Como dice mi colega Ortega, es momento de comerse el mundo, aquel radical the world is yours, de Al Pacino en Scarface, en el buen sentido. Según los viejos de las pelis, qué es lo más duro de hacerse viejo? Pues recordar cuando eras joven. Aplicado a este período siglo-segundo que es la Erasmus, se hace duro también pensar que ha acabado un ciclo maravilloso, pasas, buscas, te encuentran, y ahora los recuerdas, esos momentos, algunos con su significado original y otros algo distorsionados, o más bien reconocidos en su justa medida con la corta distancia todavía. Pero en resumen, cantaré, como cantaba Sinatra sin agobiarse demasiado , y que vive eternamente ya, recordando su vida como un buen vino, When I was 22, it was a very good year.

Grazie a tutti, è stato un anno indimenticabile.


 

No hay comentarios: